Festival de teatro de Málaga | 'El efecto': Menos mal que tuvimos teatro


20 Enero 2026

Málaga

CdelSol Noticias

Lunes, 19 de enero, Teatro Cervantes. Fran Perea interrumpe los aplausos al finalizar 'El efecto' para verbalizar lo que todo el mundo estaba pensando: «Hoy ... es un día bastante duro para hacer teatro». Y para verlo. Y para escribirlo. Casi dos horas antes, cuando entré al Cervantes, sonaba 'Bedtime stories' de Madonna y los medios ya hablaban de 40 vidas truncadas en Adamuz. Pena, mucha pena en los rostros que salpicaban el patio de butacas. Y desasosiego al pensar la cantidad de veces que todos hemos subido y bajado a Madrid por esa misma vía. En mi caso, el mismo día del siniestro. Sin embargo, si los teatros de París se mantuvieron abiertos durante la ocupación nazi, si en los funerales se leen poemas, se debe a que el arte es necesario en los buenos momentos pero fundamental en los malos. Así que mi agradecimiento a todo el equipo artístico y técnico de Producciones Teatrales Contemporáneas y del Festival de Teatro de Málaga por dejar abierta la ventana del consuelo, de la poesía, de la cultura, en un día tan complicado.

Porque el teatro es un arte que completa siempre el espectador. Y no fue difícil sentir, en la premisa que expone la dramaturga británica Lucy Prebble, muchas preguntas muy latentes en este momento. ¿Qué debemos sentir? ¿Qué explicación tiene lo que nos sucede? Connie y Tristán no saben si se están enamorando o su atracción es producto de la dopamina que les están suministrando, en un ensayo farmacológico, los doctores Norma y Tomás. Y eso, lejos de una comedia romántica, les produce mucho dolor. Aunque en el programa de mano nos digan que la cuestión va sobre la medicalización de la vida, yo no leo ese mensaje. Me parece más una reflexión casi filosófica sobre la experiencia humana. «La gente muere», dice Connie, «Me alegra evadirme de eso», responde Tristán. Acabarán follando a ritmo del 'Young and beautiful' de Lana del Rey. «¿Me seguirás amando cuando ya no sea hermosa?», dice la canción.

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Prebble escribe un texto contemporáneo en lo que al piel con piel con el espectador se refiere, con ese dilema entre lo humano y lo científico, entre lo salvaje y metodológico, entre lo que sentimos y lo que pensamos, que atraviesa nuestro siglo. Es un texto a ratos complicado, a ratos precioso. Y que lee muy bien Juan Carlos Fisher, con una propuesta totalmente diáfana, que resalta el trabajo actoral y el acertado espacio sonoro de Luis Miguel Cobo. Es un montaje que va de menos a más, que te deja disfrutar y no aburre. Alicia Borrachero y Fran Perea, los doctores, sostienen un ten con ten delicadísimo, con dos personajes que esconden más de lo que muestran. Se nota el oficio y consiguen que te quedes con ganas de saber más. Elena Rivera y Itzan Escamilla, los pacientes, se baten en una relación que no se calla nada, y lo hacen espectacular. En particular Escamilla, que pasa por todos los estados emocionales y clínicos habidos y por haber con pasmosa naturalidad.

Sí, ayer era un día bastante duro para ver teatro. Pero menos mal que tuvimos teatro.