Cuando san Patricio cruzó el mar: el exilio irlandés y la Monarquía Hispánica
17 Marzo 2025
Málaga
CdelSol Noticias
Desde
hace unas décadas, nos hemos acostumbrado a ver en la calle y en las noticias a
personas con la cara pintada de verde, gafas en forma de trébol y sombreros de
duende celebrando el Día de San Patricio. Solamente en Madrid están previstas
más de treinta actividades, desde conciertos hasta fútbol gaélico, pasando por
churros y danza irlandesa. A ello se añade la iluminación en verde de la
Cibeles y un desfile de 40 bandas y asociaciones.
Portada
de revista con un dibujo en el que dos hombres desfilan con un bombo ataviados
con sombreros altos verdes.
Portada
de Life Magazine del 13 de marzo de 1924 en la que se celebra la festividad de
san Patricio. Wikimedia Commons
La
imagen actual de esta festividad se ha popularizado gracias a los grandes
desfiles organizados en ciudades anglófonas como Boston, Chicago, Nueva York o
Sídney. Por ello, mucha gente asocia su globalización con el nacionalismo
irlandés y con la gran emigración del siglo XIX. Esa oleada fue provocada por
la hambruna que causó un millón de muertes y obligó a otro millón y medio de
irlandeses a emigrar.
Sin
embargo, las raíces del fenómeno son mucho más profundas. Se vinculan tanto a
las guerras y revueltas de los siglos XVI y XVII, que provocaron crisis de
refugiados en la Monarquía Hispánica, como a los conflictos religiosos que
asolaron Europa.
La
primera gran emigración irlandesa
Hasta
el siglo XVI, Irlanda había sido sobre todo un lugar de llegada. Durante la
Edad Media, vikingos y normandos se fueron estableciendo en la isla, generando
una sociedad muy diversa. En ella coexistían ciudades bajo control inglés como
Dublín, grandes señoríos feudales normandos como Kildare y sociedades clánicas
gaélicas, como la de los O’Neill.
El
rey de Inglaterra solo ejercía una soberanía nominal y su ley se aplicaba en
pocos lugares. Sin embargo, esto cambió a partir de la década de 1530. Enrique
VIII, en plena reforma religiosa y ruptura con Roma, se proclamó rey de Irlanda
e impuso la reforma protestante, la ley inglesa y la autoridad del parlamento
de Londres a toda la isla.
Este
proceso de centralización y cambio religioso desató un ciclo de violencia que
duró hasta mediados del siglo XVII. Durante este período se sucedieron
alzamientos, revueltas y incluso los desembarcos de tropas enviadas por el papa
Gregorio XIII y por Felipe III de España en apoyo a los católicos irlandeses.
Plano de la Batalla de Kinsale, en 1601, en la que los católicos irlandeses batallaron con apoyo de tropas españolas. Archive.org
No
consuma noticias, entiéndalas.
Plano
de la Batalla de Kinsale, en 1601, en la que los católicos irlandeses
batallaron con apoyo de tropas españolas.
Plano
de la Batalla de Kinsale, en 1601, en la que los católicos irlandeses
batallaron con apoyo de tropas españolas. Archive.org
Uno
de los principales efectos de estas guerras fue la migración y el exilio de
decenas de miles de irlandeses, que se dirigieron sobre todo a los territorios
de la Monarquía Hispánica, el conjunto de reinos y señoríos gobernados por los
Austrias.
En
respuesta a esta crisis de refugiados, la Monarquía Hispánica y las ciudades de
acogida organizaron programas de ayuda. Se crearon fondos asistenciales,
cuerpos militares e instituciones religiosas y educativas para los exiliados,
como los colegios de Santiago, Salamanca, Lovaina, Madrid o Sevilla.
Estos
centros formaban misioneros y estudiosos que regresaban de incógnito a Irlanda.
Además, sirvieron para vertebrar una comunidad diaspórica irlandesa cuya
identidad se construyó en torno a la memoria de la persecución religiosa.
La
reinvención de san Patricio
En
este contexto de exilio, el culto a san Patricio adquirió un papel clave.
Tradicionalmente, se le consideraba, junto a santa Brígida y san Columba, uno
de los introductores del cristianismo en Irlanda. Su advocación había sido
popular en la Edad Media gracias a sus reliquias, milagros y romerías.
Con
la crisis religiosa del siglo XVI, el culto a los santos fue redefinido por la
Reforma y la Contrarreforma. Los protestantes abolieron el culto a los santos,
considerándolo superstición. En el ámbito católico, se intentó regularizarlo y
adaptarlo a los nuevos estándares de la Contrarreforma.
Religiosos
irlandeses en el exilio, como Richard Stanihurst, Peter Lombard y John Colgan,
promovieron una nueva imagen de san Patricio. Se eliminaron aspectos
considerados supersticiosos, como los milagros de su infancia o la expulsión de
las serpientes. También su papel de juez de los irlandeses en el Juicio Final.
En su lugar, se destacó su figura como apóstol de Irlanda, comparándolo con
Moisés. Además, se logró que su festividad se incluyera en el calendario
litúrgico romano.
Primera
página de _El purgatorio de san Patricio_, de Pedro Calderón de la Barca.
Reproducción
digital a partir de Primera parte de comedias de Pedro Calderon de la Barca.
Biblioteca Nacional (España)
En
1621, el exiliado Philip O’Sullivan Beare publicó en Lisboa la primera historia
de Irlanda. En ella explicaba que la resistencia católica frente a las derrotas
militares y la superioridad del enemigo solo era posible gracias a la
protección de san Patricio. Esta idea fue clave en la construcción de la
identidad de la diáspora irlandesa desde el siglo XVII en adelante.
Las
celebraciones en forma de desfile no comenzaron hasta el siglo XIX, cuando la
emigración irlandesa se dirigió al mundo anglosajón. Sin embargo, en el Barroco
hispano, San Patricio gozó de gran aceptación y popularidad. Aparece en la vida
de santos escrita por el jesuita Pedro de Ribadeneira, en el éxito editorial de
la historia de San Patricio de Juan Pérez de Montalbán y, sobre todo, en la
célebre comedia de santos de Calderón de la Barca, El purgatorio de San
Patricio.
Un
santo en continua transformación
Desde
entonces, la imagen de San Patricio ha seguido evolucionando. Con el paso del
tiempo, intelectuales y artistas lo convirtieron en un símbolo de resistencia
nacional frente al colonialismo y el protestantismo. En Irlanda, ha mantenido
su faceta de profeta y hacedor de milagros.
Pese
a que pocos recuerdan su origen en las guerras de religión y el exilio del
siglo XVII hacia la Monarquía Hispánica, hoy el Día de San Patricio es la
fiesta nacional de Irlanda. Su símbolo, el trébol con el que explicaba la
Trinidad, se ha convertido también en el emblema global de la identidad
irlandesa.
Irlanda
fiestas
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