Mike Drury, el profesor que enseñó inglés a hijos de clases acomodadas e inmigrantes en Marbella


16 Marzo 2025

Marbella

Personalidades

Trabajaba en una refinería de aceite. El dinero que me pagaban cada sábado en un sobre marrón, lo ingresaba en la oficina de correos. Con el sueldo de cuatro meses pude comprar un deportivo de segunda mano y llegar al colegio –para ejercer de profesor– en un MGA 50, como un caballero. No sé si a mi mujer la conquisté por mí o por mi coche, dice Michael Mike Drury. Nació hace 80 años en la antigua colonia británica de Rodesia, actual Zimbawe. Vino a Marbella con pasaporte británico para finalmente abrazar la nacionalidad española.

 

En 1978, con 34 años, visitó Marbella. Era su primer viaje que hacía a Europa. En 1964 había estallado la Guerra Civil en Rodesia, donde entonces trabajaba como profesor en Harare y fue entrenador del equipo de atletismo. A partir de 1977 muchos blancos empezaran a emigrar. Rodesia sufriría quince años de sanciones internacionales después de su declaración unilateral de independencia del Reino Unido.


–En nuestra primera visita a Marbella con mi mujer, Ángela, nos habíamos sentido tan a gusto y bien recibidos, que al año siguiente decidimos regresar. En 1979 emigramos a España, tras conseguir ser contratados como profesores de un colegio privado de enseñanza británica. Las primeras palabras que más repetí fueron: por favor, me puede sellar el pasaporte. Cada tres meses teníamos que salir del país, a través de Ceuta, para renovar la estancia por otros 90 días, hasta que conseguimos tener los papeles en orden. La Costa del Sol era un paraíso de chiringuitos y bikinis.

 

Cuando el Ministerio de Educación decidió retirar el permiso provisional al colegio de enseñanza británica de Marbella, la medida afectó además de a Mike y su mujer, a más de cien escolares españoles. Fue entonces cuando tres parejas de profesores de Rodesia, Mike y Ángela Drury; y sus amigos Andy y Sue Crabb; y Paul y Wendy Wright, se convirtieron en los seis fundadores del colegio Aloha.


–Fue un ejemplo único de colaboración total entre profesores, padres, bancos y Ayuntamiento. Presentamos la propuesta de crear un nuevo colegio sin tener siquiera los terrenos. Encontramos el apoyo de la condesa María Larisch, del arquitecto Juan Antonio Torquemada y del director de la escuela Bellamar, Antonio Flores, que nos ayudaron a allanar el camino. Le propusimos entonces a los padres que compraran acciones de la futura escuela, un dinero que recuperarían una vez que sus hijos acabaran el colegio. Tenían que confiar en un proyecto del que yo estaba convencido de que saldría bien. Llamamos a profesores de Londres y mi mujer se encargó de los uniformes. Larisch apoyó el proyecto del colegio y nos facilitó una oficina. El arquitecto Manuel Camisuli tenía un proyecto de fin de carrera para hacer un colegio de EGB de ocho módulos. Firmamos la escritura en el despacho de abogados de Fortuny. Era una cooperativa, un ejemplo de colaboración al que dediqué varios meses de mi vida. Comenzamos las obras en abril y en octubre empezamos las clases. Solo pasaron siete meses desde la presentación del proyecto a los padres españoles hasta la apertura del colegio, en 1982, con 240 alumnos. Ese día hasta me tocó dirigir el tráfico en la entrada. Proponía no más de 25 alumnos por clase, pero teníamos 35 ó 40 ante la falta de profesores. Dividí entonces las aulas con mamparas para que fueran de 25 por clase. Estuve dos años y dimití para hacer mi propia academia de inglés. Todavía cada año en el speech day, cuando se celebra la entrega de premios al final del curso, me reservan un lugar en primera fila. La actual directora es una ex alumna de mi mujer, es un placer ver como madura el colegio y se adapta a los cambios. Está considerado como uno de los mejores de España, el colegio que abrió la sociedad local al exterior. Recuerdo a Luis, el hijo del médico Emilio Pino, que estudió con nosotros y luego se fue a vivir a Canadá.

 

Mike impartió módulos de inglés a los alumnos de hostelería en el desaparecido hotel escuela Bellamar. Fue el primer centro de formación profesional de turismo, que ofrecía cursos a los jóvenes de toda España para responder a la demanda de la industria hotelera.

 Las fiestas y las actuaciones de teatro del primer colegio donde trabajó Mike se celebraban en el hotel Don Pepe, que dirigía el conde de Perlac.

 

–No teníamos conocimiento de los miembros de la nobleza, coincidíamos a veces con Gunilla, Luis Ortiz o Jaime de Mora, los veíamos como personajes normales. Recuerdo que el campo de golf Aloha, no tenía una valla de separación con el colegio y en una ocasión cayó una bola de nuestro lado y quien la estaba buscando era Sean Connery. El campeón mundo de Fórmula Uno James Hunt tenía casa en Marbella. Solía dejarse ver corriendo por la playa con su perro Oscar, quien también le hacía compañía mientras jugaba golf.

 

–A la discoteca, que tenía cercana al actual Pirulí, le había puesto el nombre de su perro. Hunt cedía su local al primer colegio inglés para que celebrara allí la fiesta de fin curso. Como no había supermercados, comprábamos a crédito en la tienda de ultramarinos Pepa y cada dos semanas le pagábamos la deuda. Para llamar a nuestros padres en Rhodesia reservábamos el turno con antelación. Tres minutos nos costaba unas 1.500 pesetas. A veces me he interesado en preguntar entre los vendedores ambulantes africanos del paseo marítimo si había alguno de Rodesia. No lo he encontrado. Aprendí a hablar el fanagolo, una forma simplificada del zulú que se hablaba en las minas, que servía para comunicarse los europeos con lo nativos. Estoy agradecido de haber crecido en Rodesia. Mis padres eran profesores, no era una familia rica, sino de educadores, teníamos cocinera, jardinero y niñera. Muchas mujeres europeas tenían empleados domésticos que le ayudaban en las tareas de la casa. Creía que la vida era así. Vivía en un paraíso, donde no todos tenían la misma oportunidad. Los nativos no disfrutaban de lo mismo. Mi padre era un hombre muy liberal, trabajaba para el African Education, daba clase para formar a los profesores nativos.