De astillero medieval a mercado: la sorprendente historia de Atarazanas en el centro de Málaga
Antes de convertirse en uno de los mercados más conocidos de Málaga, este espacio estaba junto al mar y albergaba unos grandes astilleros donde se construían y reparaban embarcaciones.
Quien hoy entra en el Mercado Central de Atarazanas para comprar pescado, fruta, carne o tomar una tapa está pisando uno de los lugares con una evolución más sorprendente del centro de Málaga. Mucho antes de convertirse en mercado, este enclave estuvo directamente relacionado con el mar y con la actividad naval de la ciudad medieval.
Durante siglos, el litoral malagueño se encontraba mucho más cerca de este punto que en la actualidad. Allí se levantaron las antiguas Atarazanas de Málaga, un enorme complejo dedicado inicialmente a la construcción y reparación de embarcaciones.
De aquel edificio musulmán apenas permanece hoy su monumental puerta, incorporada a la fachada del mercado actual y convertida en una de las imágenes más reconocibles del centro histórico.
Un astillero junto a la playa de la Málaga medieval
El origen de las Atarazanas se remonta al menos al siglo XII, aunque los estudios arqueológicos no descartan que pudieran existir construcciones anteriores.
El emplazamiento era completamente diferente al actual.
Las instalaciones se encontraban fuera de las murallas principales de la medina, próximas al río Guadalmedina y frente a una zona de playa situada al suroeste de la ciudad.
Esto permitía que las embarcaciones llegaran directamente hasta las instalaciones.
La propia palabra “atarazana”, procedente del árabe, está relacionada con los espacios destinados a construir, reparar y almacenar barcos y material naval.
Cinco grandes naves abiertas hacia el mar
La primera construcción tenía unas dimensiones considerables.
Según la documentación arqueológica del Ayuntamiento de Málaga, el astillero presentaba una planta rectangular formada por cinco naves longitudinales.
Estas estructuras estaban abiertas hacia la orilla mediante dos accesos y eran atravesadas por otras diez naves perpendiculares.
La configuración permitía desarrollar diferentes actividades vinculadas con las embarcaciones en un espacio directamente conectado con el litoral.
La Málaga que rodeaba aquel complejo resultaría hoy difícil de reconocer: el mar se encontraba mucho más cerca y buena parte del actual centro urbano todavía no existía.
Una gran ampliación durante el periodo nazarí
Las Atarazanas experimentaron una importante transformación durante el siglo XIV, ya dentro del periodo nazarí.
El complejo fue ampliado hacia el oeste y el sur y se reforzaron diferentes zonas de su perímetro.
También se creó un espacio entre el antiguo astillero y una nueva estructura defensiva exterior.
Este espacio acabaría convertido en un patio porticado al que se accedía a través de una gran puerta monumental.
Esa puerta, aunque muy modificada, es precisamente el principal elemento del edificio medieval que ha llegado hasta nuestros días.
Más de 5.000 metros cuadrados
El conjunto de las Atarazanas alcanzó aproximadamente los 5.008 metros cuadrados.
Su tamaño demuestra la importancia que tuvo este enclave dentro de la Málaga medieval.
Además de sus funciones navales, el edificio terminó formando parte del sistema defensivo de la ciudad.
Sus gruesos muros se conectaban con el recinto amurallado por sus lados norte y este, reforzando la protección de esta zona situada próxima al litoral y al Guadalmedina.
La puerta que todavía puede verse hoy
El elemento más reconocible que se conserva es la Puerta de Atarazanas.
Está formada por un gran arco de herradura apuntado realizado con sillares de mármol y otros materiales pétreos.
La puerta formaba parte del acceso monumental al complejo y pudo haber sido construida durante el reinado de Yusuf I, en el siglo XIV.
Originalmente contaba además con otros elementos decorativos y arquitectónicos que no han sobrevivido íntegramente.
Cuando el antiguo edificio fue desmontado, la puerta también fue retirada pieza por pieza.
Posteriormente se reutilizó como acceso al nuevo mercado.
Qué ocurrió después de la conquista de Málaga
La incorporación de Málaga a la Corona de Castilla en 1487 no significó la desaparición inmediata de las antiguas Atarazanas.
El enorme edificio continuó utilizándose durante siglos, aunque fue perdiendo progresivamente su función naval original.
A lo largo del tiempo llegó a albergar usos muy diferentes.
Entre ellos se encuentran funciones como cuartel militar, hospital, almacén de municiones y colegio de cirugía.
Esta reutilización permitió que parte del complejo sobreviviera durante varios siglos después del final del periodo musulmán.
El siglo XIX cambió Atarazanas para siempre
La gran transformación llegó en la segunda mitad del siglo XIX.
El antiguo edificio se encontraba muy deteriorado y Málaga necesitaba un mercado central moderno que concentrara parte del comercio de alimentos.
El arquitecto municipal Joaquín de Rucoba fue el responsable del proyecto que daría lugar al actual Mercado Central.
Las obras se desarrollaron principalmente entre 1876 y 1879, año que el Ayuntamiento señala como el de inauguración del nuevo mercado.
Durante este proceso prácticamente toda la antigua construcción desapareció.
La monumental puerta islámica fue uno de los pocos elementos salvados.
Hierro y vidrio para el nuevo mercado
El nuevo edificio representaba una arquitectura completamente diferente.
Rucoba diseñó una estructura en la que el hierro y el vidrio adquirían un protagonismo fundamental, siguiendo las nuevas posibilidades constructivas que se estaban extendiendo por Europa durante el siglo XIX.
El diseño incorporó además referencias neoárabes y elementos inspirados en la arquitectura andalusí.
La estructura metálica utilizó en buena medida hierro relacionado con la antigua industria siderúrgica malagueña.
El resultado fue un edificio funcional para su época pero, al mismo tiempo, conectado visualmente con el pasado histórico del lugar.
La antigua puerta se convirtió en la entrada principal
La recuperación de la Puerta de Atarazanas permitió establecer un vínculo directo entre ambos edificios.
Después de ser desmontada, fue reconstruida e integrada en la fachada principal del mercado.
Sin embargo, no todos los elementos originales regresaron exactamente a su posición anterior.
La documentación arqueológica señala que el arco es la parte que permanece íntegra, mientras que otras piezas se perdieron o fueron recolocadas durante la transformación.
Actualmente, miles de personas atraviesan cada semana esta puerta sin que muchas sepan que perteneció a un enorme complejo naval medieval.
Un mercado declarado Bien de Interés Cultural
El Mercado Central de Atarazanas se convirtió con el tiempo en uno de los principales mercados municipales de Málaga.
Su importancia arquitectónica e histórica llevó a que fuera declarado Bien de Interés Cultural en 1979.
Desde entonces, el edificio ha experimentado diferentes intervenciones destinadas a conservarlo y adaptarlo a las necesidades comerciales actuales.
Una de las reformas más importantes se desarrolló entre 2008 y 2010.
Durante aquellos trabajos también se realizaron controles arqueológicos que permitieron documentar restos de la cimentación del antiguo edificio musulmán.
Las vidrieras recuerdan la Málaga que miraba al mar
Otro de los elementos que actualmente llaman la atención en el interior del mercado es su gran vidriera.
Las imágenes permiten imaginar una Málaga histórica en la que el mar alcanzaba zonas que hoy se encuentran completamente integradas dentro del tejido urbano.
La transformación del litoral durante los siglos posteriores fue alejando progresivamente la costa de Atarazanas.
Donde antiguamente llegaban embarcaciones, hoy existen calles, edificios, plazas y buena parte del centro de Málaga.
De construir barcos a vender pescado
La evolución del enclave resume buena parte de la propia transformación de Málaga.
El lugar comenzó como un espacio directamente relacionado con el Mediterráneo y la actividad naval.
Más tarde se convirtió en instalación defensiva y tuvo usos militares, sanitarios y administrativos.
Finalmente, en el siglo XIX pasó a convertirse en mercado.
Actualmente, sus puestos están dedicados principalmente a pescados y mariscos, carnes, frutas, verduras, especias, productos locales y alimentación, mientras que alrededor del mercado también se ha desarrollado una importante oferta gastronómica.
Uno de los lugares más visitados del centro de Málaga
Atarazanas ha dejado de ser únicamente un lugar donde los vecinos realizan sus compras.
Durante los últimos años también se ha convertido en una parada habitual para quienes visitan Málaga.
Su arquitectura, la oferta de productos frescos y la posibilidad de comer en los establecimientos situados dentro y alrededor del mercado han reforzado su atractivo turístico.
A pesar de este cambio, el edificio mantiene su función original como plaza de abastos y sigue siendo uno de los grandes centros comerciales tradicionales de la ciudad.
Un edificio que permite leer siglos de historia
Pocos lugares del centro de Málaga permiten recorrer tantos siglos de historia simplemente observando su arquitectura.
La puerta recuerda el pasado islámico y naval.
La estructura de hierro habla de la modernización urbana del siglo XIX.
Los puestos continúan una tradición comercial que se mantiene desde hace más de un siglo.
Y bajo el edificio todavía permanecen restos de las antiguas Atarazanas que alguna vez estuvieron frente al Mediterráneo.
De aquel astillero donde se construían y reparaban barcos al actual mercado lleno de pescaderías, fruterías y pequeños bares han pasado varios siglos, pero el nombre de Atarazanas sigue recordando la función original de uno de los lugares más emblemáticos de Málaga.
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